viernes, 26 de junio de 2009

A 14 años del asesinato de javier Rojas Perez (el Colo)

Después, por Eduardo Galeano (texto aparecido en la revista La Maga el 7 de agosto de 1996) Fue asesinado en una cervecería en los suburbios. Un policía lo mato por error, o porque andaba con una guitarra y tenia el pelo largo y no sabia bajar la cabeza ante la autoridad. El policía lo agarro por el pelo, le metió el caño de la pistola en un ojo y le disparo. Javier Rojas fue enterrado en Buenos Aires. Y mientras en Buenos Aires se abría la tierra para recibirlo, muy lejos de allí en Antofagasta, tembló la tierra donde Javier había nacido. Un maremoto venido muy del fondo de las aguas sacudió violentamente aquellas costas, mientras el entierro ocurría. Y Gabriela la hermana de Javier, pensó que Dios no existe pero los Dioses sí. Desde la noche que murió Javier, Gabriela perdió el olfato. Dejo de sentir el olor de las plantas, que habla por ellas, y el olor de las pieles, que revela a la gente, y el olor de los libros viejos, que es olor del tiempo en que fueron leídos. Ayelén, la hija de Gabriela supo de la muerte del tío y lloro hasta vaciarse: Después consulto el asunto con su mejor amiga, Una pajarita invisible que duerme arriba del ropero y se llama Bocasuscia, por su tendencia a las malas palabras. Y tras mucho charlar con la pajarita Ayelén pregunto a su abuela: - Sí Javier no esta ¿donde esta? -En el cielo-dijo la abuela. Y la niña quiso saber: -Y en el cielo ¿hay policías?

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